Ojala supiera por dónde empezar, bueno, quizá esta sea una buena forma de empezar.
Hoy después de muchos meses me volví a calzar mis dart VI para volver a correr sobre el asfalto, para volver a pelarme las manos en barandillas muros, bancos, reventarme los callos en balanceos en arboles y andamios, volver a superar obstáculos, volver al parkour. Volver a centrar mi mente al 100% en algo, por una vez en mucho tiempo dejar de pensar en ti y en el resto de los problemas que me rodean, solo ser yo y el mundo, yo y el asfalto, el aire, el salto, el trazo, el recorrido, la recepción, yo y la técnica, el físico y la fluidez, la precisión y la eficacia. Ser egoísta por una vez, pensar en mi y en lo que tengo que hacer para ser feliz.
Ser libre, estar con los mios, esos que me comprenden, que me apoyan y no me juzgan por lo que soy o lo que quiero llegar a ser, esos que me dan consejos para vivir la vida, mi vida, esos que hacen posible que pueda ser feliz con este 10%. Esos con los que las risas están aseguradas en cualquier momento. Esos que me reprenden cuando lo necesito, los que si me caigo se rien conmigo mientras preguntan si estoy bien, no los que se rien de mi porque cai y me dejan en el suelo porque son mis consecuencias por estar haciendo el mono, el payaso. Por esa gente a la que merece la pena sonreírles aunque no tengas apenas sonrisas que mostrar. AMIGOS, si, amigos con cada una de las letras, porque puede que vengan y vayan, que no siempre estén presentes, pero lo están, y lo son de verdad mientras estén. Por esa gente merece la pena tirar de ese 10%, la reserva de mi felicidad, lo que en este momento tengo, lo que me dejaste, porque podría gritar y llorar, pero no serviría de nada. En cambio ellos me permiten ver con claridad el problema, el obstáculo y me ofrecen una forma de superarlo, siempre lo hacen, con todos y cada uno de los obstáculos que conforman mi recorrido, mi vida, ellos evitan que me caiga, o si fallo me ayudan a salvar el salto de alguna manera, evitan que la caída sea peor y me ayudan a aprender del error, a levantarme y a seguir a delante, ellos son los que merecen mi atención, lo que digan ellos, no lo que digan los demás, lo que opine la gente que está fuera de mi vida, de mi corazón, no es importante. ¡TOMÁS! Sí, soy yo, soy Tomás, soy quien vive, quien decide, quien hace oídos sordos a sus burlas, a sus insultos, a su lengua viperina, soy quien soy, hago lo que hago, y no cambiare porque una sociedad podrida me indique lo contrario. Soy libre para ser lo que quiero ser, para elegir, y elijo no caer.
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